top of page

Cartílago de tiburón y cáncer: una historia atractiva no es evidencia científica

Durante años, el cartílago de tiburón se ha promocionado como un supuesto tratamiento natural contra el cáncer. La idea se volvió tan popular que llegó a generar millones de dólares en ventas alrededor del mundo. Pero ¿qué dice realmente la evidencia científica?


El mito: “Los tiburones no tienen cáncer”


Gran parte del interés por el cartílago de tiburón nació a partir de una creencia muy difundida: que los tiburones no desarrollan cáncer. Esta idea se popularizó especialmente después de la publicación de un libro titulado Sharks Don’t Get Cancer (“Los tiburones no tienen cáncer”).


El problema es que esta afirmación simplemente no es cierta. Actualmente sabemos que los tiburones sí pueden desarrollar cáncer. Se han documentado tumores benignos y malignos en múltiples especies de tiburones, incluyendo algunos casos muy evidentes y avanzados. Por lo tanto, la premisa sobre la que se construyó gran parte del marketing de estos suplementos era incorrecta desde el inicio.


Algunas personas argumentan que los tiburones tendrían tasas más bajas de cáncer. Sin embargo, tampoco existen estudios sistemáticos que permitan afirmar eso con seguridad. Pero incluso si fuera verdad, surge una pregunta importante:


¿Por qué comer cartílago de un animal que “no” desarrolla cáncer debería protegernos a nosotros del cáncer?


La lógica simplemente no se sostiene. Sería como pensar que porque ciertas bacterias sobreviven en aguas hirviendo, nosotros podríamos adquirir esa capacidad comiéndolas.


¿Por qué se pensó que el cartílago podría ayudar?


La hipótesis científica original no era completamente absurda. Los investigadores observaron que el cartílago es un tejido con muy pocos vasos sanguíneos. Esto ocurre porque las células del cartílago producen sustancias capaces de inhibir la formación de nuevos vasos sanguíneos, un proceso conocido como angiogénesis.


Y aquí aparece un dato interesante: los tumores necesitan crear nuevos vasos sanguíneos para crecer y expandirse. Por ello surgió la idea de que algunas moléculas presentes en el cartílago podrían ayudar a dificultar el crecimiento tumoral. De hecho, estudios de laboratorio demostraron que el cartílago contiene sustancias con actividad antiangiogénica. Sin embargo, encontrar una molécula interesante en un laboratorio es muy diferente a demostrar que un suplemento oral funciona en pacientes con cáncer.


El gran problema: la evidencia en humanos


Uno de los principales obstáculos es que muchas de las proteínas presentes en el cartílago son demasiado grandes para absorberse adecuadamente a través del intestino. En otras palabras, aunque una sustancia tenga efectos prometedores en una placa de laboratorio, eso no significa que al ingerirla llegue intacta al torrente sanguíneo o al tumor.


Cuando se evaluó el cartílago de tiburón en modelos animales con cáncer, los resultados fueron decepcionantes. En varios estudios no logró frenar el crecimiento tumoral ni reducir la propagación del cáncer.


Y cuando hablamos de tratamientos oncológicos, lo que realmente importa son los ensayos clínicos en seres humanos. La evidencia disponible no ha demostrado que los suplementos de cartílago de tiburón sean efectivos para tratar el cáncer.


¿Es inocuo?


Muchas personas asumen que si algo es natural, inmediatamente es seguro. Sin embargo, esto no siempre es cierto.


Investigaciones han detectado en numerosos suplementos de cartílago de tiburón la presencia de BMAA, una neurotoxina que ha sido estudiada por su posible relación con las enfermedades neurodegenerativas. Además, se han descrito casos de efectos adversos, incluyendo inflamación hepática.


Por supuesto, cualquier tratamiento contra enfermedades graves debe evaluarse considerando tanto sus riesgos como sus beneficios. El problema es que, cuando los beneficios no están demostrados, incluso riesgos relativamente pequeños pueden dejar de ser aceptables.


El costo ambiental


Existe además un aspecto que rara vez se menciona. La enorme demanda de cartílago de tiburón impulsada por estas promesas terapéuticas contribuyó durante años a una mayor presión sobre diversas poblaciones de tiburones.


Paradójicamente, los compuestos con actividad antiangiogénica no son exclusivos de los tiburones. También pueden encontrarse en el cartílago de otros animales, e incluso en tejidos humanos. Por lo tanto, no existe nada particularmente mágico o único en el cartílago de tiburón.


La historia del cartílago de tiburón nos recuerda algo fundamental: Una teoría (por plausible que sea) no es suficiente. Que una sustancia tenga un mecanismo interesante, que funcione en un laboratorio o que suene lógica, no significa automáticamente que sea eficaz en seres humanos.


Debemos aprender a diferenciar entre hipótesis, marketing y evidencia clínica.


Especialmente cuando hablamos de enfermedades tan complejas como el cáncer, las decisiones deben basarse en estudios rigurosos y no en promesas atractivas que aprovechan la vulnerabilidad de quienes buscan desesperadamente una solución.


Basarnos en evidencia no consiste en rechazar todo lo natural. Consiste en exigir el mismo nivel de pruebas para cualquier intervención, ya sea un medicamento, una planta medicinal o un suplemento exótico.


Para profundizar:


Comentarios


bottom of page